Capítulo 2
El Corazón Oscuro de la Luna
La ciudad que hacía apenas unos minutos brillaba como un sueño ahora parecía apagarse lentamente, como si alguien estuviera cubriendo el cielo con una sombra invisible.
Las torres luminosas comenzaron a parpadear. Los puentes de energía chisporroteaban. Las pequeñas criaturas lunares corrían de un lado a otro con expresiones de preocupación.
—Esto no se ve nada bien —murmuró Leo.
Tiko extendió un pequeño proyector desde su pecho y comenzó a escanear el entorno.
—Nivel de energía general: 42%… 39%… descendiendo rápidamente.
Mila respiró hondo.
—Tenemos que encontrar el Cristal Central.
La criatura que los había recibido se acercó nuevamente.
—El Cristal de Energía está en el núcleo de la ciudad… pero alguien lo ha perturbado.
—¿Perturbado cómo? —preguntó Leo.
Antes de que pudiera responder, el suelo volvió a temblar. Un rugido profundo resonó entre los cráteres, como si la Luna misma estuviera quejándose.
Los tres amigos se miraron.
—Ese sonido no es normal —dijo Mila.
Tiko giró lentamente la cabeza hacia el horizonte.
—Movimiento detectado. Masa aproximada: extremadamente grande.
Desde la oscuridad, entre rocas gigantes, algo comenzó a levantarse.
Primero fueron dos ojos brillantes, como brasas encendidas. Luego una silueta enorme, formada por piedra lunar negra y cristales incrustados.
—Es… es gigantesco —susurró Leo.
El coloso dio un paso adelante. El suelo vibró bajo sus pies.
Las criaturas lunares gritaron y se refugiaron en los edificios.
—¿Es el que está causando esto? —preguntó Leo.
Mila observó con atención.
—No parece atacar la ciudad… parece… molesto.
El gigante volvió a rugir, esta vez más fuerte.
En su pecho brillaba una luz tenue, del mismo color que el Cristal Central que aparecía en los hologramas de Tiko.
—Análisis parcial —dijo el robot—. Coincidencia energética entre el gigante y el Cristal de Energía: 87%.
—¿Qué significa eso? —preguntó Leo.
—Que están conectados.
De pronto, una explosión de polvo lunar levantó una nube gris alrededor de ellos.
—¡Tenemos que movernos! —gritó Mila.
Corrieron hacia un pequeño vehículo lunar estacionado cerca de una torre apagada.
—¿Sabes conducir eso? —preguntó Leo mientras subía.
—Lo averiguaré —respondió Mila con una sonrisa nerviosa.
El vehículo arrancó con un zumbido eléctrico justo cuando una enorme roca cayó detrás de ellos.
—¡Más rápido! —gritó Leo.
Tiko se conectó al tablero.
—Activando impulsores secundarios.
El vehículo salió disparado por un camino brillante que parpadeaba débilmente.
El gigante los siguió, dando pasos que sacudían todo a su alrededor.
—¿Por qué nos persigue? —preguntó Leo.
—Tal vez cree que queremos quitarle algo —respondió Mila.
Mientras avanzaban, Leo notó algo extraño.
—Mila… mira su pecho.
El brillo dentro del gigante era débil, como si se estuviera apagando.
—Está perdiendo energía también —dijo ella.
Tiko procesó datos rápidamente.
—Hipótesis: el Cristal Central está vinculado a la energía vital del gigante.
—Entonces no lo robó… —dijo Leo lentamente—. Está conectado a él.
El vehículo dio un salto sobre un pequeño cráter y aterrizó cerca de una enorme cueva iluminada con reflejos rojos.
—Ahí —señaló Mila—. La señal del cristal viene de dentro.
El gigante se detuvo frente a la entrada.
No atacó.
Solo bloqueó el paso, rugiendo con fuerza.
Leo bajó lentamente del vehículo.
—Espera —dijo Mila.
Pero Leo levantó las manos.
—No queremos hacerte daño.
El gigante inclinó la cabeza.
Sus ojos ardían con intensidad, pero no con odio… sino con dolor.
Tiko proyectó una imagen holográfica del Cristal Central.
—¿Es esto lo que te duele?
El gigante emitió un sonido más bajo, casi como un gemido.
Mila dio un paso adelante.
—Si el cristal pierde energía, la ciudad se apaga… y tú también.
El gigante miró hacia la ciudad distante, donde las luces eran ahora apenas destellos débiles.
Leo sintió un nudo en el estómago.
—No es un enemigo… está sufriendo.
Dentro de la cueva, el Cristal Central flotaba en medio de una grieta brillante, pero estaba fracturado. Pequeñas chispas escapaban de él.
Tiko analizó.
—Fisura detectada. Si no se estabiliza, la energía lunar colapsará completamente.
—¿Podemos repararlo? —preguntó Leo.
Mila pensó rápidamente.
—No tenemos las herramientas correctas… pero quizá…
Miró al gigante.
—Necesitamos tu ayuda.
El coloso dudó.
—Tu energía está conectada al cristal —continuó Mila—. Si trabajamos juntos, podemos restaurarlo.
El gigante bajó lentamente su enorme mano de roca.
Leo respiró profundo.
—Confía en nosotros.
Durante unos segundos eternos, solo se escuchó el eco distante de la ciudad apagándose.
Luego, el gigante dio un paso hacia la cueva… y apartó las rocas que bloqueaban el acceso al cristal.
—Aceptación confirmada —anunció Tiko.
Mila sonrió.
—Bien. Ahora comienza la parte difícil.
Leo miró el cristal fracturado.
Sabía que lo que estaban a punto de hacer podría salvar la ciudad… o terminar de destruirla.
Pero también sabía algo más.
Ya no estaban solos.
Y el verdadero desafío apenas comenzaba.
