Capítulo 4

El Guardián Verdadero de la Luna

La Ciudad de la Luna brillaba otra vez.
Las torres irradiaban luz plateada. Los caminos flotantes se llenaron de pequeños seres celebrando. Chispas luminosas subían al cielo como fuegos artificiales silenciosos.
Leo aún estaba sentado sobre la enorme mano del gigante de roca, respirando con dificultad.
—Definitivamente… esto supera cualquier tarea de ciencias —murmuró.
Mila lo abrazó con fuerza.
—¡Casi me das un ataque lunar!
Tiko proyectó confeti holográfico.
—Misión primaria completada con éxito extraordinario.
El gigante inclinó la cabeza ante Leo, y por primera vez, habló con una voz profunda que parecía venir desde el interior de la montaña misma.

—Gracias… pequeño humano.
Leo abrió los ojos sorprendido.
—¿Puedes hablar?
—Solo cuando mi energía está completa.
La criatura que los había recibido al inicio se acercó.
—Él es Arkan, el Guardián de la Energía Lunar.

Mila frunció el ceño.
—Entonces… si él protege el cristal, ¿por qué se fracturó?
Arkan guardó silencio.
Pero Tiko interrumpió.
—Nueva señal energética detectada. Ubicación: Torre Norte.
Leo miró hacia la ciudad.

En lo alto de una de las torres más altas, una figura pequeña sostenía un dispositivo brillante.
—Ahí está la sombra que vimos antes —dijo Mila.
Arkan rugió con enojo.
—Fue él quien intentó extraer energía adicional del cristal.
—¿Quién es? —preguntó Leo.

La criatura lunar habló en voz baja.
—Se llama Varek. Es un antiguo ingeniero lunar. Creía que la energía del cristal debía usarse para expandir la ciudad… más rápido, más lejos, sin límites.
—¿Y eso es malo? —preguntó Leo.
Mila respondió:
—Si fuerzas demasiado una fuente de energía, se rompe. Como pasó aquí.
Tiko confirmó:
—Extracción excesiva detectada en registros recientes.

En ese momento, desde la torre, Varek activó su dispositivo.
Un rayo oscuro salió disparado hacia el cielo, absorbiendo parte de la energía restaurada. Las luces volvieron a parpadear levemente.

—¡No aprendió nada! —exclamó Leo.
Arkan dio un paso enorme hacia la ciudad.
—Detendré esto.
Pero Mila levantó la mano.
—Espera. Si atacas, podrías dañar la ciudad otra vez.

Leo miró la torre.
—Tenemos que hablar con él.
—Probabilidad de diálogo exitoso: incierta —dijo Tiko.
—Pues intentaremos igual —respondió Leo.
Subieron nuevamente al vehículo lunar y avanzaron hacia la Torre Norte mientras Arkan los seguía desde lejos.

Al llegar, encontraron a Varek manipulando su máquina: un aparato lleno de cables y cristales oscuros.
Tenía ojos brillantes y una expresión obsesionada.
—¡Aléjense! —gritó al verlos—. La ciudad necesita más poder. ¡Podemos conquistar los cielos!
Leo dio un paso adelante.
—Pero casi la destruyes.
—¡Porque son débiles! —respondió Varek—. Temen usar todo su potencial.

Mila habló con firmeza.
—La energía no es infinita. Si la fuerzas, se rompe. Como el cristal… y como Arkan.
Varek dudó un segundo.
—Yo solo quería que la Ciudad de la Luna fuera eterna.
Arkan llegó detrás de ellos.
Su voz resonó fuerte pero calmada.
—La eternidad no se logra con fuerza… sino con equilibrio.

Varek observó en silencio.
Las luces de la ciudad brillaban estables ahora.
Finalmente, desactivó la máquina.
El rayo oscuro desapareció.
La energía volvió a fluir con suavidad.
Arkan levantó una mano gigantesca… pero no para atacar.

La apoyó suavemente en la torre, estabilizando su base.
Varek miró al gigante.
—¿Me… perdonas?
Arkan respondió:
—Si aprendes.

El ingeniero asintió lentamente.
La ciudad comenzó a celebrar nuevamente, esta vez con música suave que resonaba como campanas lejanas.

La criatura lunar se acercó a Leo, Mila y Tiko.
—Han salvado nuestra ciudad… y nos han enseñado algo importante.
—¿Qué cosa? —preguntó Leo.
—Que la verdadera fuerza no está en tomar más… sino en cuidar lo que ya tenemos.
Leo sonrió.

Mila miró el cielo estrellado.
—Creo que es hora de volver a casa.
Arkan se inclinó frente a ellos.
—Siempre tendrán un lugar aquí.
El ML-1 despegó mientras la Ciudad de la Luna brillaba debajo como un océano de estrellas.

Dentro del cohete, Leo miró por la ventana.
—¿Crees que volveremos?
Mila sonrió.
—El universo es enorme. Y ahora sabemos que no estamos solos.
Tiko añadió:
—Nuevas coordenadas detectadas en sectores desconocidos del espacio.
Leo rió.
—Claro que sí volveremos.

Mientras la Tierra aparecía en el horizonte, la Luna brilló detrás de ellos… más viva que nunca.
Y en lo alto de la ciudad, Arkan observaba el cielo, protegiendo, esperando, porque la magia del universo no termina con una aventura, apenas comienza.